Inés

Te abriste paso hacia este mundo
un frío día de febrero,
cuando el sol, tras su cénit,
desplegaba una luz incierta.

Tu rostro era el reflejo de la luna,
la promesa temprana
de tu dulce belleza,
y en tu cabello se extendía,
infinita, la noche,
velo de sueños,
campo de estrellas.

Exótica orquídea
irguiéndose en su tallo,
fuerte y fragante,
como un reto al invierno.

En tu mirada se escondía
sabiduría antigua,
memoria almacenada
de ríos que fluyeron
y que hoy, de nuevo, corren
por tus ojos marrones.

Despertó en mi tu llanto
el amor ancestral
que sobrevive al tiempo
y en ese mismo instante,
de tu pequeño corazón,
ya dependió mi vida.

Gloria, 25/02/2025

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