Poema de mayo-24:
Llegado el día de mi muerte,
no dudéis.
No quiero estar en una caja
de pino.
Ni envasado en un búcaro.
Quemadme.
Hacedlo sin reservas,
hacedlo como hacían
a hechiceras y brujas.
Luego, los resto
que sobrevivan a ese fuego,
picadlos;
de mis huesos sacad el polvo.
Será la mínima expresión
de lo que fui.
Mi ruego:
vaciad lo que ha quedado
a la margen de un río,
que las hojas cobrizas
de otoño sean mi lecho;
que cuando ellas se pudran
y se forme la turba
ser yo también abono.
Así mi cuerpo,
en la metamorfosis de la tierra,
renacerá,
formando parte de una vida.